Una
chanchada: la gripe porcina “fundió” al gobierno de Vázquez…
Yo, señor? No, señor.
Por Nery Pinatto.
Tabaré Vázquez y Jorge Batlle no solo son los dos últimos presidentes del país; algo más los emparenta: son la versión autóctona de Dr. Jekill y Mr. Hyde.
Las dos caras contrapuestas del liderazgo político que los llevó a lo más alto del poder.
El colorado se caracterizó a lo largo de su extensa carrera política por una reconocida sapiencia aderezada de una increíble cuota de mala suerte, especialmente, para sufrimiento de todos los uruguayos, en su etapa presidencial.
El frentista, por el contrario, por una ignorante prescindencia acompañada, eso sí, por una inmensa buena suerte.
Lo increíble es que su ignorancia del “saber político” al mismísimo Vázquez le importa un comino; pero lo más increíble aún es que su buena estrella está profundamente ligada al partido de Batlle, y al mismo Batlle.
Veamos: cuando asume como Intendente (en los ratos libres que tenía como Oncólogo), el Partido Colorado le dejó una suculenta caja con millones de dólares ahorrados. Ni precisa aclarar que Vázquez los dilapidó rápidamente (con ADEOM y los CCZ) y cuando pudo volver a dedicarse full time a su pasión real ya nos dejó con casi 100 millones de dólares de presupuesto a todos los que vivimos en la muy fiel (al Frente Amplio) Montevideo.
Ya en su etapa presidencial, nuevamente su “partido mecenas” (el Colorado, of course) le deja “una herencia bendita”: un país encaminado luego de la terrible crisis del 2002, reconocimiento y máxima nota de los organismos de crédito, ingresos por exportaciones nunca vistos, y, claro, una oposición debilitada.
Tabaré, con una ardiente perseverancia (parafraseando al gran Neruda), se encarga de repetir, ahora para desasosiego de todos los uruguayos, la inolvidable obra que realizó en el Palacio de Ladrillo de 18 y Ejido.
Cuando llegue el 1º de marzo de 2010 y el oncólogo le esté traspasando la banda presidencial a alguno de los precandidatos blancos, en realidad le estará “regalando” mucho más que un nuevo gobierno: pondrá en manos del futuro mandatario un país comprometido en todas sus áreas fundamentales, a pesar de todos los increíbles ingresos que tuvo en cuatro de sus cinco años de gobierno. Dilapidados, perdidos para siempre.
Se podía esperar otra cosa?
Sí: la antológica explicación de Vázquez.
La culpa de los 4.000 millones de dólares más de deuda externa
(en qué se invirtieron?), del déficit fiscal aún mayor con el que terminó el
gobierno de Batlle (para un partido que puede hacer que los casinos pierdan
plata, no es sorprendente) y del fracaso en las principales áreas funcionales de
su gobierno la tiene… la gripe porcina.
Eso sí: sumada a la crisis financiera internacional y alguna que otra cosilla
que siempre complica.
PUDO, PERO NO SUPO.
Cuando comenzó este gobierno, las mayorías sociales eran aún mayores a las políticas.
Estas últimas por sí solas le aseguraban al novel gobierno mayorías absolutas en cuanta oficina de poder existe en el país.
Todos coincidíamos que la “intelligentsia” (que en su enorme mayoría simpatiza con el FA, vaya a saber uno porqué) estaría timonenando a un gran gobierno.
Riqueza, poder absoluto, mayorías políticas y sociales, contexto internacional sumamente favorable, sutil condicionamiento de los grande medios a cambio de suculentas sumas de publicidad, funcionalidad de las principales marcas encuestadoras… todo a pedir de Vázquez.
Sin embargo, todo camina a la mayor de las desilusiones.
Y lo que es peor, a un país que se perdió la mejor oportunidad para dar un vuelco a su historia reciente y encaminarse con reformas que nunca sucedieron.
O sí: las únicas que podía realizar un personaje que nos regaló la mayor burocratización clientelística cuando fue Intendente (recordar los CCZ).
No hubo área en este gobierno que no fuera pensada y estructurada con ese fin, y hoy, junto con los insólitos números de algunas encuestadoras, es la gran esperanza del FA de mantenerse en el poder.
Ni principios, ni sueños, ni ilusiones ni esperanzas, ni gloria, ni audacia; burocracia, clientelismo y poder de condicionamiento de los formadores de opinión son los fundamentos de su intento de repetir performance.
Analicemos algunos de los “logros” de este gobierno:
EL
AÑO DEL CHANCHO.
Por supuesto que este es un muy somero análisis de los
principales hechos (y deshechos) de
Quedan muchas cosas por nombrar y profundizar: el desfalco de los casinos (si bien un hecho municipal pero con impacto en el gobierno), la politización de la justicia, el increíble manejo fiscal del costo de los combustibles (muy superior aún a los gobiernos anteriores, que ya es mucho decir), el insólito seguro de ANCAP con el CITYBANK, el “negocio” de PLUNA, las estaciones de TEXACO, las viviendas de UMISSA y el software del hijo del Presidente, la frase del cura Monzón (Presidente del INDA) de que está bien robar cuando se tiene hambre, el aumento del costo del estado con 12.000 funcionarios más y 117% de aumento de asesores en relación al gobierno anterior, el patético subsidio a la multinacional cervecera AMBEV, el carné de pobre del senador Nicolini, el falseamiento de la historia reciente, los dos millones de dólares regalados a EL GALPÓN, la emigración de más de 60.000 uruguayos, el descreimiento de los jóvenes, el avance de la droga, el suicidio adolescente y el fracaso escolar, la falta de compromiso democrático (a quién sorprende?) de sus principales figuras mediáticas como Mujica y Valenti…
Con todo esto, y por todo esto, queda claro que la culpa
es del chancho…y de quienes le rascan el lomo, también.